Humanos y abejas, dependencia mutua

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FAO /Agencias

Santiago, Chile. 19 de mayo del 2026.- Las abejas y otros polinizadores son esenciales para la vida. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cerca del 75 % de los cultivos alimentarios dependen de ellos, especialmente frutas y hortalizas. En el mundo existen alrededor de 25 mil especies de abejas, presentes en todos los continentes excepto en la Antártica, muchas de las cuales enfrentan hoy amenazas crecientes como el cambio climático, la pérdida de hábitat, el uso indiscriminado de agroquímicos y la expansión de plagas y enfermedades.

En América Latina y el Caribe, la labor de los polinizadores ocurre de manera silenciosa pero decisiva. Entre bosques, montañas y fuentes de agua, las abejas no solo producen miel: sostienen ecosistemas, regeneran paisajes y, sobre todo, su uso sostenible promueve la cooperación entre las personas y comunidades principalmente en el área rural.

Desde México hasta la Patagonia argentina, las abejas están en el centro de vivencias de trabajo colectivo, autonomía económica y liderazgo femenino. Las historias de quienes conviven con ellas nos enseñan a aprender de la naturaleza, a aprovecharla de forma sostenible, a trabajar con acciones colectivas, a cuidarla y a compartirla.

Maestras del trabajo comunitario

Las abejas viven en sociedades altamente organizadas donde cada individuo cumple un rol específico para el bienestar del conjunto. Este modelo ha inspirado a muchas comunidades humanas a repensar sus prácticas productivas y sociales.

En Neuquén, Argentina, tras un programa de capacitación, un grupo de 12 personas, en su mayoría mujeres, recibieron, cada una, dos colmenas al finalizar el proceso formativo. “Las agrupamos todas e hicimos un solo apiario” explica Laura Ponulef, una de las integrantes del grupo. De esta forma nació Kume Ziwlliñ Mapu, que hace referencia al “buen territorio de la abeja” y refleja el vínculo entre la actividad apícola y el cuidado del entorno.

“Hemos aprendido mucho de las abejas. Tienen una organización impresionante y nos enseñan a trabajar de manera más comunitaria”, reflexiona Laura.

Esa inspiración les ha llevado fortalecer su actividad a través del Proyecto Pagos por Resultados de REDD+ de la Argentina, implementado por la FAO con financiamiento del Fondo Verde para el Clima, mediante la construcción de un espacio físico comunitario para el trabajo y resguardo de materiales y el encuentro colectivo. Este lugar les permite no solo consolidar y mejorar su producción, sino también reunirse, tomar decisiones y generar nuevas oportunidades económicas de manera conjunta.

Zumbando hacia la mitad del mundo, en el sur del Ecuador, aprovechando los paisajes forestales y productivos en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Podocarpus, en un área de alta biodiversidad, nace “Abejita Longeva”, un bioemprendimiento que promueve la cooperación entre apicultores y propietarios de tierras mediante la instalación de colmenas. A la fecha cuenta con 85 familias participantes.

Ruth Guamán es una de sus integrantes. Orgullosa, destaca que hoy “Abejita Longeva” cuenta con una producción sostenible, un sistema de comercialización solidaria que incluye turrones, jabones naturales, velas y mermeladas. Con el apoyo del Mecanismo para Bosques y Fincas (FFF) de la FAO han aprendido nuevas técnicas para la producción y transformación de la miel. “Tenemos la confianza de que vamos a generar mejores oportunidades para jóvenes, hombres y mujeres del sector mientras cuidamos del ambiente y del Podocarpus con nuestra deliciosa miel”, destaca.

En ambos casos, el aprendizaje es claro: las abejas no solo producen miel, también enseñan a organizarse, a cooperar y a pensar en el bienestar colectivo.

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